Las extensiones
Cada colaborador tiene su número interno, su buzón de voz y sus teclas. Un teléfono de sobremesa, un navegador, un ordenador, o los tres.
Una centralita telefónica virtual, también llamada PBX o IPBX alojada, hace todo lo que hacía el armario de su sala técnica. Con la diferencia de que no se avería en sus instalaciones, se configura desde un navegador, y no necesita ninguna intervención para cambiar un desvío.
Una centralita clásica es una máquina instalada en sus locales. Envejece, se avería un lunes por la mañana, y la más mínima modificación pasa por alguien que se desplaza o que factura una intervención.
Cada colaborador tiene su número interno, su buzón de voz y sus teclas. Un teléfono de sobremesa, un navegador, un ordenador, o los tres.
Un menú de voz, horarios de apertura, una cola de espera, un desvío hacia la guardia. El recorrido se dibuja, no se programa.
Los suyos, portados a nosotros, o números locales en un centenar de países. Cada uno apunta adonde usted quiera, y se cambia en dos clics.
Un interruptor que cualquiera activa desde su teléfono. El recorrido cambia de rama, sin tocar la configuración.
Es el punto en el que somos más categóricos: todo lo que se configura, lo configura usted. No vendemos un paquete de horas de administración, porque no hace falta.
Díganos cuántas llamadas debe atender a la vez, y a qué países llama. Le respondemos con un importe.